La infidelidad es uno de los temas tabú más recurrentes en
la actualidad de las sociedades occidentales. Si bien el concepto abarca a todo
vínculo donde esté puesta la fe, ya sea religiosa o de amistad por ejemplo, se
suele emplear para definir en el terreno amoroso al hecho de romper
conscientemente un acuerdo de fidelidad afectiva o sexual con la pareja.
De todos los ambientes donde
se puede desarrollar potencialmente una infidelidad, el ámbito laboral es el
más propicio. Básicamente, porque es el lugar donde muchos pasan la mayor parte
del día y porque al formar parte de la rutina de cada individuo no obliga a
invertir un tiempo extra, lo que en su defecto despertaría sospechas.
¿EXISTEN REALMENTE LAS AVENTURAS DE OFICINA?
Para empezar a dilucidar la
cuestión hay que valerse de lo que dicen los estudios en el área.
Recientemente, el sitio web AshleyMadison.com, el más importante a nivel mundial en lo que
a relaciones extramaritales se refiere, emitió un informe basado en preguntas
realizadas a sus 17 millones de miembros.
En España, la encuesta arrojó
que nueve de cada diez personas fantasearon con algún compañero o compañera de
trabajo, y que uno de cada dos llegó a concretar una relación sexual con la
otra parte -esto corre tanto para hombres como para mujeres-.
El mismo informe sostuvo que
las fiestas empresariales de fin de año son el ámbito más propicio para la
concreción del deseo reprimido durante los meses previos. Lo cual resulta
lógico teniendo en cuenta la noche como marco y el alcohol como eterno aliado
de la distensión.
La infidelidad se daría la
mitad de las veces con alguien de otro sector y solo en una de cada tres
ocasiones con alguien del mismo departamento. Si entran en juego las
jerarquías, son muy pocos los hombres que se atreven a dar el paso con la jefa,
pero cuando se trata de las mujeres este número se triplica.
Según AshleyMadison.com, en Latinoamérica los brasileños son los más arriesgados a
la hora de ser infieles porque son capaces de llevar a sus citas a sus propias
casas; los mexicanos eligen los viajes de negocios; los argentinos prefieren
tener sexo en el primer encuentro; los venezolanos suelen reunirse directamente
en el hotel; los colombianos son los más rápidos en encontrar amantes, y los
chilenos en líneas generales resultaron los más conservadores.
Más datos: la revista italiana Riza Psicomatica afirma que un tercio
de los infieles laborales busca escondrijos edilicios para satisfacer su deseo
y cuando les es imposible utilizan el tiempo del almuerzo para darse el gusto.
¿POR QUÉ OCURREN LOS AMORES DE OFICINA?
Porque si bien la moral, al
igual que la religión, condenan el adulterio, nadie puede controlar dónde se
situará su amor o deseo, dos sentimientos que pueden ir o no de la mano.
En las relaciones formales, la
rutina, la ausencia de sexo y el fin de la seducción erosionan y desquebrajan
lo que otrora parecía una unión sellada para siempre. Pero no se percibe a
simple vista: estar en pareja da seguridad y eso brinda una falsa sensación de
estabilidad.
Se pierde el erotismo entre las partes, pero no deja de residir en el
inconsciente y aflora en otros lados con otras personas. Ya es una costumbre
-una mala-, vestirse bien, acicalarse y perfumarse para ir a trabajar, pero
lucir desalineado en el hogar.
El misterio y la
sobredimensión del otro, la sensación de ‘volver al ruedo’, la adrenalina que
genera el riesgo y la transgresión, son razones para la seducción o flirteo,
pero las causas de que se concrete la infidelidad están dentro y no fuera de la
pareja.
Según el psicólogo Bernardo Stamateas, en términos de normalidad, existe por un
lado el histeriqueo, sobre todo en mujeres, y en la vereda de enfrente están
los infieles patológicos, sobre todo hombres que víctimas de su misoginia ven a
la mujer como un objeto y detrás del “te quiero” y “te seduzco” esconden un “te
desprecio” y “te abandono”.
Una vez consumado el hecho hay
quienes se arrepienten de la infidelidad, como hay quienes que no. Al igual que
existen quienes lo perdonan y quienes no.
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